ATLAS DE ESPAÑA Y SUS POSESIONES DE ULTRAMAR DE FRANCISCO COELLO. Selección de mapas

INFORMACIÓN CARTOGRÁFICA Y DOCUMENTAL
TÍTULO
ATLAS DE ESPAÑA Y SUS POSESIONES DE ULTRAMAR.
Selección de mapas provinciales de España.
TIPO DE DOCUMENTO ORIGINAL Colección de 47 láminas sueltas, publicadas en distintas fechas, con el siguiente contenido:
    - 30 mapas de provincias españolas completas en una sola lámina.
    - 4 láminas de dos mapas provinciales divididos en dos hojas: la entonces provincia única de Canarias y la de Zaragoza. La mitad de una de las láminas de Zaragoza contiene la primera “hoja de suplemento”, con información complementaria sobre Aragón.
    - 8 láminas para completar los 5 mapas de las posesiones españolas en ultramar: el mapa de Cuba en 2 hojas, el de Filipinas en 3 hojas, el mapa de Puerto Rico, el de las posesiones de África (en su costa septentrional y en el golfo de Guinea) y el de las posesiones del Pacífico con las Islas Marianas, Palaos y Carolinas.
    - 3 láminas con la segunda, tercera y cuarta hojas llamadas “de suplemento”, que contienen información diversa sobre Andalucía, Castilla la Nueva y León-Extremadura, respectivamente. Incluyen planos de varias poblaciones y de sus “contornos” o alrededores.
    - 1 lámina con el plano de Madrid.
    - 1 mapa general de España a pequeña escala.
Son láminas grabadas en planchas de acero e impresas en papel a una sola tinta. Los límites administrativos (provincias y partidos judiciales) junto con sus capitales se coloreaban a la aguada.
Las hojas de tamaño uniforme de 120,5 x 90,5 cm se ofrecían en varias presentaciones1:
    - Plegadas en una cartera de cartoncillo o de piel labrada de 17,5 x 12 cm
    - Cortadas en 32 cuarterones de 20,7 x 12,5 cm, enteladas y plegadas en un estuche.
    - Sin doblar, impresas en papel de mayor gramaje (“papel grueso” o “gran papel”)
Las hojas plegadas y las enteladas se recortaban ligeramente en sus márgenes, de modo que sus tamaños variaban entre una anchura de 111,5 a 101 cm y una altura de 83,5 a 73,5 cm. Solo hemos podido acceder a las láminas sin doblar en los mapas de las provincias de Oviedo y Santander.
AUTORES Francisco Coello de Portugal y Quesada (1822-1898)2 firma toda la cartografía del Atlas como D. Francisco Coello, capitán, teniente-coronel o, desde 1865, coronel de ingenieros. También antepone su rango en el ejército fuera del cuerpo de ingenieros, cuando ese rango es de grado superior. Realmente, estaba en excedencia de la milicia desde 1860 y ya antes, desde 1848, había obtenido licencia en forma de comisión de servicios para dedicarse a la elaboración del Atlas. Los ascensos en el escalafón le llegaban por antigüedad. Llegó a abandonar el ejército en 1866, firmando algunos mapas que realizó en la década de 1870 como “coronel de ingenieros retirado”.

Pascual Madoz Ibáñez (1806-1870) escribió las notas estadísticas e históricas que acompañan y rodean profusamente cada mapa. De hecho, el Atlas fue concebido por Madoz como parte del su monumental Diccionario Geográfico- Estadístico-Histórico de España y sus posesiones de Ultramar3 y así aparece rotulado en la parte superior izquierda de cada mapa y en los estuches de las hojas enteladas. Madoz fue figura prominente de la política española del XIX. Diputado en numerosas legislaturas desde 1836, ministro en varios gobiernos progresistas, promulgó la segunda desamortización en 1855 desde la cartera de Hacienda.
FECHA EDICIÓN En 1847 se editó el primer mapa correspondiente la provincia de Madrid. En 1870 apareció la última lámina del Atlas que llegó a publicarse: la del mapa de la provincia de Oviedo. En 1876 se imprimieron algunos ejemplares del mapa de la provincia de Albacete calificados como pruebas de imprenta4.
ORGANISMO PRODUCTOR / EDITOR El Atlas fue editado por la empresa que formaron Pascual Madoz y Francisco Coello y que tuvo su sede en el domicilio de éste último en Madrid, en la calle Cervantes nº 55. El sello de la empresa se marcaba en seco en cada hoja para evitar las copias no autorizadas y en él rezaba únicamente “MADOZ Y COELLO”.
A pesar de ser fruto de la iniciativa privada, el Atlas recibió un claro apoyo oficial, concretado en diferentes ayudas y subvenciones económicas y en la facilidad de acceso a datos de algunas instituciones6.
AUTORES SECUNDARIOS El Atlas de Coello fue, fundamentalmente, una obra de recopilación. Más adelante, se referirán los autores de las fuentes en las que se apoyó y que aparecen convenientemente citados en cada uno de sus mapas. Ahora haremos mención a quienes realizaron trabajos cartográficos exprofeso para el Atlas, sobre todo a los que Coello cita como sus “comisionados”, empleados de la empresa que recorrieron el país recopilando información, elaborando numerosos planos de ciudades, completando las triangulaciones o las observaciones astronómicas en las zonas no cubiertas por las disponibles y realizando reconocimientos en las zonas carentes de datos suficientes. Conocemos las aportaciones de varios de ellos a través de los textos de las hojas del Atlas: Martín Ferreiro (Madrid, 1830-1896), Maximiliano Hijón (Logroño, 1817-1890) y José Pilar Morales son citados en numerosas ocasiones, Quirico López y José Sáenz Díez con menos frecuencia. Además, existieron otros, algunos calificados como “antiguos comisionados” o “comisionados primitivos”, cuyos nombres parecen eliminados por Coello por causas que nos son desconocidas.

La lista de grabadores que aparecen en las láminas llega a la veintena, diferenciándose los que estaban especializados en los textos, de los que se encargaban de la topografía o los que realizaban los contornos. Destacaremos los que realizaron mayor número de láminas: Pierre-Adolphe Bacot grabó la mayor parte de los textos – hasta 33 láminas –, Charles Lecrercq y Esteban Desbuissons colaboraron en 29 y 11 hojas respectivamente, especializándose el primero en los contornos. La participación de grabadores españoles fue menor, limitándose al grabado de la topografía. Camilo Alabern i Casas la realizó en 5 hojas y Francisco Pérez Barquero en 6, siendo citado este último en la nómina de los “comisionados” de la empresa. El propio Coello dirigía las tareas de grabado, aunque en algunas de las hojas delegó esta labor en sus comisionados. Juan Noguera estaba especializado en este trabajo, que realizó en 13 hojas. El ya citado, José Sáenz Díez, lo hizo en dos de ellas.
ÁMBITO REPRESENTADO El plan inicial de la obra pretendía cubrir todas las provincias españolas más los territorios llamados de ultramar pertenecientes entonces a la corona española: Cuba, Puerto Rico, Filipinas, otras posesiones del pacífico y las posesiones de África.

Las posesiones del Pacífico incluían los archipiélagos de las Marianas, Palaos y las Carolinas, comprendiendo toda la Micronesia y una pequeña parte de la Polinesia. Actualmente, las islas Marianas con Guam y la isla Wake dependen de los Estados Unidos de América, el archipiélago de Palaos constituye la República de Palaos, las antiguas Carolinas forman hoy varios estados independientes: los Estados Federados de Micronesia, la República de las Islas Marshall y la pequeña República de Nauru. Además, El mapa incluía el archipiélago de Gilbert en las Carolinas orientales; actualmente, este archipiélago forma parte de la República de Kiribati en la Polinesia.

El mapa de las posesiones de África comprendía dos áreas geográficas. Por un lado, la costa septentrional del continente con Ceuta, Melilla, el peñón de Vélez de la Gomera, el Presidio de Alhucemas y las Islas Chafarinas. En la otra mitad de la hoja se recogían las posesiones del Golfo de Guinea, que incluían las islas de Fernando Poo – hoy Bioko –, Corisco y Annobon que en la actualidad son parte de la República de Guinea Ecuatorial. También incluía las islas de Santo Tomé y del Príncipe, pertenecientes entonces a Portugal y que ahora forman la República Democrática de Santo Tomé y Príncipe.

Se llegaron a publicar todas las hojas de los territorios de Ultramar y las de 31 provincias españolas de las 49 que existían entonces: las Islas Canarias formaban una sola provincia que se dividió en 1927, el resto, desde 1833 tenían prácticamente la misma configuración y límites que las actuales. Los archipiélagos balear y canario quedaron completos. De la mitad norte de España solo faltó editar los mapas de León, Huesca, Lérida, Guadalajara y Teruel. Por el contrario, de la mitad sur de la península solo llegaron a publicarse cuatro provincias: Huelva, Cádiz, Almería y Alicante. De las provincias de Cáceres, Badajoz, Toledo, Cuenca, Ciudad Real, Sevilla, Córdoba, Jaén, Granada, León y Guadalajara se encuentran planos de algunas capitales y poblaciones en varias hojas llamadas de suplemento.

Además, se conservan algunas pruebas de imprenta del mapa de la provincia de Albacete, que no llegó a publicarse. La Cartoteca de la UAM dispone de un ejemplar de esta provincia.
ESCALA Y UNIDADES Los mapas provinciales se realizaron a escala 1:200.000, salvo el de las islas Canarias que tenía una escala 1:280.000 para mantener el tamaño de las hojas. En los mapas de los territorios de ultramar, se utilizó la escala 1:1.000.000 y en el mapa general de España la escala 1:2.000.000, aunque está basado en un mapa que Coello había publicado a escala 1:1.000.000, independiente del Atlas, que también hemos incluido en este visor.

En las hojas de cada provincia se incluyen ampliaciones, casi siempre a escala 1:100.000, de los alrededores de su capital y, a veces, los de otros detalles generalmente a escala 1:50.000. También, se incluye el plano de la capital de la provincia, usualmente a escala 1:10.000, y los de otros núcleos de población importantes que suelen recogerse a escala 1:20.000. Se alcanza un número de 223 planos urbanos7 si contamos los incluidos en las hojas de suplemento. El plano de Madrid se publicó en hoja aparte a escala 1:5.000 con gran éxito editorial.

El contenido de las hojas correspondientes a los territorios de ultramar no sigue este esquema y se adapta a la configuración heterogénea de los territorios representados. Por ejemplo, en la hoja de las posesiones de África hay mapas generales para la localización de las distintas islas o territorios a escala 1:1.000.000; mientras que en la del Pacífico, el mapa de localización tiene que reducirse hasta la escala 1:10.000.000.

En todas las hojas, se dibujan varias escalas gráficas en hasta tres tipos de leguas – legales, de camino real y de 24.000 pies –, en millas marítimas y, desde 1862, en kilómetros. También hay varias escalas gráficas en pies para los planos de detalle. En 1849, se publicó un Real Decreto declarando un único sistema de medidas y pesas, basado en el metro, para todos los dominios españoles, siendo ministro de comercio, instrucción y obras públicas Juan Bravo Murillo8. Sin embargo, el uso del sistema métrico no comenzó a extenderse en España hasta finales del siglo XIX.
DISTRIBUCIÓN DE HOJAS Todas las hojas del Atlas de España y sus posesiones de Ultramar tenían un tamaño de papel homogéneo para facilitar el trabajo editorial9. La reorganización provincial de 1833 buscó generar provincias de tamaño equivalente, lo que permitió a Coello construir mapas provinciales en una sola hoja utilizando una escala uniforme 1:200.000. Solamente las provincias de Zaragoza y de Canarias tuvieron que ser divididas en dos hojas y ésta última todavía reduciendo su escala a 1:280.000.

El ámbito cartografiado en cada hoja suele exceder en algunos kilómetros el límite provincial, presentando un ligero solape con las provincias adyacentes. Sin embargo, cada mapa se construyó independientemente del resto y la información disponible podía variar en el momento de formación de cada uno de los mapas colindantes. Además, Coello no llegó a realizar una red de triangulación única y compensada, de tal manera que no existe verdadera continuidad entre los mapas a pesar de su solapamiento.
ELEMENTOS CARTOGRAFIADOS Y TIPO DE REPRESENTACIÓN En elaboración. Véase la pestaña Leyenda en la documentación de los mapas del Atlas.
FECHA DE LOS DATOS Desde principios del siglo XIX hasta la década de 1870. En ocasiones, se utiliza cartografía de la segunda mitad del siglo XVIII.
Las fuentes utilizadas por Coello fueron muy diversas, como se puede ver el apartado referido a los “métodos de posicionamiento y fuentes de información”, abarcando un largo periodo temporal. Además, los reconocimientos y campañas de recogida de datos sobre el terreno, realizados por los comisionados de la empresa del Atlas, se iban produciendo a medida que la construcción de los mapas lo fue requiriendo. Se extendieron desde antes de la publicación de la primera hoja en 1847, hasta tiempo después de que viera la luz la última, que se pudo dar a la imprenta en 1870.
SISTEMA DE PROYECCIÓN ORIGINAL Es sabido que Coello utilizó la proyección de Bonne10, que venía siendo empleada habitualmente por el Depôt de la Guerre del ejército francés con el que mantenía estrecha relación desde 1844. Ese año, Coello fue enviado a París para incorporarse a una comisión de ingenieros militares franceses durante la ocupación de Argelia11. Esta proyección de Bonne también era conocida como “proyección de Flamsteed modificada” y antes había sido utilizada por Domingo Fontán en su carta de Galicia12.
Coello situó el meridiano central de la proyección de Bonne en el observatorio de Madrid. Pero no es fácil deducir en qué latitud fijó su paralelo estándar. Hemos obtenido buenos resultados con el paralelo 60ºN.
DATUM/FIGURA DE REFERENCIA No se indica. Pero no es descabellado suponer que Coello pudiera utilizar el mismo elipsoide de Plessis con el que se construían las Cartas de Estado Mayor del Depôt de la Guerre.
RETÍCULA Y MARCOS GRADUADOS. MERIDIANO ORIGEN Todos los mapas provinciales tienen una malla de medianos y paralelos de 30 minutos, de poca densidad para mapas a esta escala. Su origen de latitudes está en el Ecuador y el de longitudes en el meridiano del Observatorio de Madrid, situado por el Instituto Geográfico Nacional a 3º41’16,58’’ oeste de Greenwich13. Incluyen una tabla con las referencias a distintos meridianos, usuales en esa época y en el pasado, como el de París, el de Greenwich, el de la isla del Hierro, el del pico de Tenerife, el observatorio viejo de Cádiz o el nuevo de San Fernando.
Los mapas tienen marcos graduados con divisiones de un minuto rotulados de cinco en cinco.
Los planos de poblaciones y las representaciones gráficas de sus contornos o alrededores carecen de marcos graduados y de cualquier referencia a latitudes o longitudes.
MÉTODOS DE POSICIONAMIENTO Y FUENTES DE INFORMACIÓN En un texto que se suele titular “Advertencia”, se indica cuidadosamente en cada mapa cuáles fueron las fuentes utilizadas para su formación. En la pestaña de “comentario” realizamos una descripción y un análisis más pormenorizados de la cuestión de las fuentes cartográficas en esta época.

Coello utilizó los trabajos geodésicos previos que pudo ir recopilando. Combinaban triangulaciones y observaciones astronómicas rigurosas, pero no llegaban a cubrir todo el territorio cartografiado en el Atlas. Son los siguientes:
    - Triangulaciones llevadas a cabo para la elaboración del mapa de España durante el Trienio Liberal dirigidas por Felipe Bauzá. cubrían diversas áreas peninsulares.

    - Triangulaciones de Domingo Fontán para su Carta Geométrica de Galicia. Esta carta se realizó entre 1817 y 1834 y fue publicada en 1845.

    - Triangulaciones realizadas para la medida del meridiano de Dunkerke y la determinación del metro, realizadas en varias expediciones entre 1792 y 1808 en el arco mediterráneo y las Baleares.

    - Operaciones geodésicas en las costas para las cartas de la Dirección de Hidrografía.

    - Reconocimientos de las cadenas de triangulación de España. Proyecto de lento avance, iniciado tras la constitución de la Dirección del Mapa de España del Ministerio de Fomento en 1853, que Coello utilizó solamente en mapas editados a partir de 1864.

    - Algunas triangulaciones de menor extensión y procedencia diversa densificaban en parte las anteriores, llegando a completar pequeñas áreas no cubiertas por ellas. Citaremos algunas operaciones trigonométricas realizadas por los ejércitos franceses, o las realizadas para los mapas geológicos de Madrid y León, entre otras.
Contando con todo ello, aún quedaban amplias zonas sin cubrir con datos geodésicos adecuados. En estas partes, Coello tuvo que incorporar observaciones astronómicas más antiguas o acudió a datos procedentes de otros mapas, no de trabajos geodésicos. Finalmente, los comisionados de la empresa tuvieron que realizar sus propias observaciones geodésicas en áreas carentes de cualquier tipo de información posicional rigurosa.
El ajuste completo de todos estos datos tan heterogéneos resultaba prácticamente imposible. Coello lo realizaba para cada provincia individualmente, lo que ya era realmente complicado y tenía dudosos resultados. Pero, desde el ámbito limitado de su empresa, no pudo plantearse dotar a todos los mapas del Atlas de un marco geodésico global. El resultado es que cada uno de los mapas provinciales carece de continuidad geométrica con los adyacentes.

Una vez fijados los puntos principales, la información de detalle para cubrir el territorio de cada provincia se obtuvo también de las fuentes diversas que Coello iba teniendo disponibles a medida que avanzaba la elaboración del Atlas:
    - Mapas, planos, reconocimientos e itinerarios formados por los oficiales de los ejércitos franceses que ocuparon España durante la Guerra de la Independencia (1808-1814) y en la invasión de los Cien Mil Hijos de San Luis (1823-1827). Hay referencias a estos trabajos en casi todas las provincias editadas.

    - Planos de carreteras, canales, obras hidráulicas y vías de ferrocarril, construidas o proyectadas. Aparecen como fuentes consultadas para la elaboración de hasta 24 mapas del Atlas.

    - La Carta Geométrica de Galicia de Domingo Fontán, así como otros mapas “formados también con triangulación” como el Mapa provincial de Vizcaya de Víctor de Munibe y varios que cubrían la mayor parte de la provincia de Logroño.

    - Mapas, croquis y bosquejos provinciales, publicados o manuscritos, formados sin una base geodésica clara. Uno de los mejores y más útiles para Coello fue el Mapa Topográfico de la provincia de Oviedo publicado en 1855, obra de Guillermo Schulz. También el Mapa de la provincia de Guipúzcoa de 1836 de José de Olazábal y Francisco de Palacio, aunque estaba “mal grabado en piedra”. Otras provincias contaban con mapas o croquis de menor calidad: El mapa de la provincia de Tarragona, publicado por José Criviller y José Ruiz en 1845, el de la provincia de Álava de Martín Saracíbar, una carta de la provincia de Zamora, los bosquejos provinciales de Burgos y de Huelva. Además, encontramos mapas y bosquejos parciales de menor extensión en numerosas zonas: el Maestrazgo, el partido de Bermillo de Sayago, la península de Morrazo, la Isla de Mallorca, la comarca de Limia, entre muchas otras.

    - Mapas, reconocimientos e itinerarios realizados por oficiales del ejército. Coello los obtuvo del Depósito General Topográfico de Ingenieros, cuerpo al que pertenecía y de cuyo Jefe, el Ingeniero General Zarco del Valle, siempre obtuvo apoyo. Sin embargo, el acceso a los más abundantes fondos del Depósito de la Guerra le fue negado hasta el año 186014. A partir de esa fecha, los Itinerarios de los oficiales de Estado Mayor, que eran competencia del Depósito, pasan a ser una de las fuentes habituales de los mapas del Atlas, siendo citados en seis de las trece provincias publicadas en esa década.

    - Cartografía de las zonas fronterizas. Coello contaba con mapas de toda la frontera portuguesa de mediados del siglo XVIII del militar Antonio de Gaver15 y con los trabajos de deslinde de la frontera franco española16 en las provincias de Guipúzcoa y Navarra.

    - Cartas de la costa, fundamentalmente de la Dirección de Trabajos Hidrográficos. Son citadas en los mapas de Galicia, las Baleares, Almería y Cádiz.
Coello no consiguió cubrir todo el territorio que cartografió utilizando todo ese gran conjunto heterogéneo de fuentes. Los empleados/comisionados de su empresa tuvieron que recorrer cientos de leguas para resolver discrepancias entre las fuentes, reconocer y dibujar la topografía de extensas zonas, situar poblaciones o revisar y actualizar el trazado de vías de comunicación. Los textos de los mapas nunca citan estos trabajos de campo como levantamientos topográficos, siempre se refieren a ellos como “rectificaciones”, “revisiones”, “recorridos” o “reconocimientos”. Únicamente, se dice que fueron “levantados” algunos de los planos de detalle. La amplitud de las tareas de reconocimiento variaba en cada provincia dependiendo de calidad y la extensión de los datos disponibles.
PROCEDENCIA DEL DOCUMENTO Cartoteca Rafael Mas de la Universidad Autónoma de Madrid y colección particular de Javier Espiago (los mapas de Asturias y Santander).
DIGITALIZACIÓN Cartoteca Rafael Mas y Servicio de Cartografía de la UAM.
Formato: TIFF.
Fecha de digitalización: Entre 2006 y 2009.
Resolución: 600 dpi. Asturias a 300 dpi.
Modo de color: RGB.
EDICIÓN CARTOGRÁFICA DIGITAL Georreferenciación:
    - El procedimiento de georreferenciación que venimos empleando solo es aplicable a los mapas provinciales del Atlas. Los planos y contornos, por el momento, no se pueden integrar en el visor y se muestran sin georreferenciar.

    - Selección de la parte central de la hoja de cada mapa y ajuste de color para atenuar el oscurecimiento del papel y recuperar su tono más claro. Transformación de las imágenes formato JPEG.

    - Georreferenciación en el sistema de proyección que hemos encontrado más cercano al original: proyección de Bonne con meridano central en el observatorio de Madrid a -3,6879388888888891 grados decimales de Greenwich y paralelo estándar a 60ºN. Se utiliza como figura de la tierra el elipsoide de Plessis de 1817.

    - Ajuste mediante triangulación de los ficheros georreferenciados a la malla teórica de meridianos y paralelos generada numéricamente y coincidente con la representada cada mapa.
    En el proceso de georreferenciación de cada mapa, se han situado puntos homólogos en los cruces visibles de meridianos y paralelos, completando la malla mediante procedimientos geométricos para conseguir un número suficiente de puntos bien distribuidos. Se han empleado transformaciones polinómicas de primer o de segundo orden. El error RMS resultante siempre ha resultado adecuado, teniendo en cuenta la escala y el estado de conservación de cada mapa.

    - Ajuste mediante triangulación de los ficheros georreferenciados a la malla teórica de meridianos y paralelos generada numéricamente y coincidente con la representada en cada mapa.

    - Transformación al sistema de referencia UTM huso 30 datum ETRS89.

    - Compresión de las imágenes finales al formato ECW.
EL ATLAS DE ESPAÑA Y SUS POSESIONES DE ULTRAMAR DE FRANCISCO COELLO. 1847-1870

Valoración

El Atlas de España y sus posesiones de Ultramar fue concebido inicialmente por Pascual Madoz como la base cartográfica de su monumental Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico. A principios de la década de 1840, conoce a al joven ingeniero militar Francisco Coello y lo implica en su proyecto1. Ambos crean la empresa que editará el Atlas, cuyo primer mapa sale de la imprenta en 1847. Madoz era uno de los miembros prominentes del Partido Progresista, llegando a ser uno de sus más destacados ministros. Coello no llegó a ostentar tanto poder, pero también se situó en la primera línea del progresismo y de su partido.

Tras el paréntesis de Fernando VII a principios de la centuria, la construcción del nuevo Estado-nación liberal va tomando forma a lo largo del siglo XIX, siguiendo el ciclo político europeo. Las grandes reformas territoriales, administrativas, electorales, económicas y fiscales necesitaban de un conocimiento del territorio, de su riqueza y de su población, es decir de lo que entonces se conocía como estadística2. El apoyo de la estadística sobre una adecuada cartografía quedaba fuera de discusión. También, resultaba evidente que la ingente tarea de recopilación, eficaz y actualizada, de toda esa información debía ser acometida por servicios del propio estado. Sin embargo, a mediados de siglo todavía no se había organizado un departamento oficial de estadística ni se contaba con una cartografía básica oficial para toda España3. Los gobiernos de la década moderada (1844-1854) tuvieron escaso éxito en la solución de estas carencias. En este contexto, el destacado progresista Madoz publica su Diccionario Geográfico-Estadístico desde el ámbito privado y organiza con Coello la empresa que comienza a editar el Atlas de España y sus Posesiones de Ultramar.

Este Atlas significó un gran avance cartográfico en España, nada parecido se había realizado hasta entonces. Su escala 1:200.000 permitía situar la práctica totalidad de las poblaciones, tal y como requería el Diccionario Geográfico. El amplio catálogo de elementos representados, recogidos en su completa leyenda, lo equiparaba a la cartografía básica que se estaba elaborando en Francia y en otros países europeos, además, su representación del relieve no se había acometido nunca antes de manera tan completa en España. Sin embargo, aún quedó lejos ser la cartografía de propósito general de la que carecía el país. Solo se llegaron a completar 31 de las 49 provincias que existían entonces, cubriendo escasamente la mitad del territorio peninsular. Lo que iba a ser una obra realizada en pocos años se alargó por más de veinticinco y quedó inconclusa. Su otra gran deficiencia fue que adoleció de un muy endeble ajuste geodésico, lo que en su época ya no estaba justificado para un mapa de estas características. Coello utilizó triangulaciones y operaciones geodésicas de diversa procedencia que no cubrían todo el territorio ni llegaban a conectarse correctamente entre sí. Su empresa no contaba con los medios para realizar una red de triangulación propia que conectara toda España, de modo que realizó ajustes parciales de los datos geodésicos a los que pudo acceder en cada provincia. Por tanto, cada mapa provincial resulta ser un mapa aislado, sin continuidad geométrica con los de las provincias adyacentes, y con un rigor posicional muy desigual dependiendo de la calidad de las fuentes utilizadas.


Las fuentes del Atlas. Panorama sobre la cartografía de mediados del siglo XIX en España

Coello, en un texto que suele titular como ”Advertencia”, indica cuidadosamente en cada mapa del Atlas cuáles fueron las fuentes en las que se apoyó para su construcción. Solamente los mapas de Alicante, Salamanca y Zaragoza carecen de esta información. Consultando los textos de advertencia, se obtiene un completo panorama sobre la disponibilidad y la fiabilidad de los datos cartográficos en la España de mediados del siglo XIX.

En esta época, la formación de cartografía rigurosa ya exigía un apoyo geodésico, complementado con observaciones astronómicas. Coello pudo acceder a triangulaciones y operaciones geodésicas para la mayor parte del territorio que cartografió. Ordenadas según la importancia de su extensión, son las siguientes:

Contando con todo lo anterior, aún quedaban amplias zonas sin cubrir con unas operaciones geodésicas adecuadas: la mayor parte del interior de la provincia de Almería; las áreas más alejadas de la costa de las provincias de Gerona, Barcelona, Tarragona y Castellón; y, sobre todo, el centro de la cuenca del Duero, afectando a gran parte de las provincias de Soria, Segovia, Valladolid, Palencia y Zamora. En estas zonas, Coello tuvo que fijar las posiciones de los puntos principales incorporando fuentes más antiguas o acudiendo a datos procedentes de otros mapas y no de trabajos geodésicos. Utilizó observaciones astronómicas realizadas por los marinos Mazarredo, Aguirre y Ferrer sobre las principales rutas hacia el norte desde Madrid. Fueron ejecutadas a finales del siglo XVIII12, en una época en la que los oficiales de la armada sentían la preocupación de dotar al interior de España de la cartografía que ya le habían aportado para sus costas. Es muy probable que obtuviera estos datos, una vez más, a través de Bauzá y, con ellos, pudo iniciar la cobertura de la cuenca del Duero. También aprovechó los mapas manuscritos sobre la franja fronteriza con Portugal realizados por el ingeniero militar Antonio de Gaver en torno a 175013, que a pesar de su antigüedad, fueron realizados con técnicas de triangulación. En las zonas sin otro tipo de datos, no tuvo más remedio que extraer posiciones de puntos fundamentales a partir de la carta de Francia - en el interior de Barcelona y Gerona -, de simples planos de carreteras, de planos las obras del canal de Castilla y del canal de Campos, y de meros reconocimientos e itinerarios de los oficiales franceses, como hubo de hacer en la provincia de Soria.
Finalmente, sus comisionados tuvieron que realizar ellos mismos operaciones geodésicas en áreas completamente carentes de datos fidedignos como en la parte de Andalucía oriental necesaria para el mapa de Almería, así como en áreas de Soria, Valladolid o Palencia.

El ajuste completo de todos estos datos tan heterogéneos resultaba prácticamente imposible. Coello lo realizaba para cada provincia individualmente, lo que ya tenía graves complicaciones e inciertos resultados, pero los medios limitados de su empresa le impidieron plantearse la construcción de un marco geodésico global para todos los mapas del Atlas. El resultado es que cada uno de los mapas provinciales carece de continuidad geométrica con los adyacentes.

Una vez establecidas las posiciones de los puntos principales, la información de detalle para cubrir el territorio de cada provincia se obtuvo también de fuentes diversas. Eran datos cartográficos que Coello iba teniendo disponibles a medida que avanzaba la elaboración del Atlas. También referiremos estas fuentes ordenándolas según su relevancia para la construcción de los mapas del Atlas: Coello no consiguió cubrir todo el territorio que cartografió utilizando todo ese gran arsenal de fuentes. Además, tuvo que vencer la complicación de la tremenda heterogeneidad del conjunto de datos recopilado en lo referente a los elementos representados, su calidad, su precisión o su escala. Los empleados/comisionados de la empresa de Coello y Madoz tuvieron que recorrer cientos de leguas para resolver discrepancias entre las fuentes, reconocer y dibujar la topografía de extensas zonas, situar poblaciones o revisar el trazado de vías de comunicación. Los textos de los mapas nunca citan estos trabajos de campo como levantamientos topográficos, siempre se refieren a ellos como “rectificaciones”, “revisiones”, “recorridos” o “reconocimientos”. Únicamente, se dice que fueron “levantados” algunos de los planos de detalle.

Encontramos indicado en cada mapa provincial el número de leguas recorridas en los reconocimientos de los comisionados. En las provincias en las que contaron con cartografía fidedigna y suficientemente actualizada – Guipúzcoa, Álava o Gerona –, este trabajo de campo no era necesario y no se hace referencia a ninguna distancia recorrida. En las cuatro provincias Gallegas o en Asturias, solo tuvieron que realizar cortos recorridos al contar con los excelentes mapas de Domingo Fontán y de Guillermo Schulz. Sin embargo, en las zonas peor cartografiadas, con información muy heterogénea o, directamente, sin información, los empleados de Coello recorrieron largas distancias reconociendo extensas áreas: 300 leguas en Huelva, más de 300 en Zamora, 340 en Palencia, unas 400 en Soria. Pero, en muy pocos casos, esos trabajos se realizaron sin el apoyo de alguna fuente cartográfica previa, por pobre que ésta fuese.


Los apoyos oficiales al Atlas de Coello

A pesar de ser fruto de la iniciativa privada, el Atlas recibió un claro apoyo oficial, en muchas ocasiones, independientemente del color político de los diferentes gobiernos. Este apoyo se concretó en forma de ayudas o subvenciones económicas y en la facilidad de acceso a los datos de algunas instituciones. En lo que se refiere al apoyo económico, Coello mantuvo su salario de oficial del ejército entre 1847 y 1860 mientras trabajaba en el Atlas en “comisión de servicios”. Una Real Orden de 1848 comunicó a los ayuntamientos que podían suscribirse al Diccionario Geográfico y al Atlas, abonándoles el importe de la suscripción como gasto del presupuesto municipal. En 1849, la empresa comenzó a recibir una elevada subvención anual de 520.000 reales de la Dirección General del Tesoro para continuar con sus trabajos cartográficos. La subvención se realizó contra los salarios atrasados de soldados y empleados públicos que podían recibir sus atrasos en forma de suscripciones al Atlas, medida de difícil justificación social. El apoyo económico oficial recibido por Madoz y Coello siguió aumentando en 1850 cuando se decidió que las direcciones, academias, inspecciones y colegios militares se suscribieran al Atlas. También todos los batallones y escuadrones del ejército recibirán la misma orden poco más tarde26.

Llama la atención cómo la empresa de estos destacados progresistas recibió gran parte de su apoyo de gobiernos de corte moderado. A pesar de su militancia progresista, Coello tenía estrechos vínculos con importantes miembros de otros partidos más conservadores. El moderado Zarco del Valle siempre lo apoyó27, era el Ingeniero General y, por tanto, el jefe de Coello en el Cuerpo de Ingenieros. Por otro lado, el hermano mayor de Coello, Diego, fue diputado desde 1846 encuadrado en el ala centrista del partido moderado y, luego, en la Unión Liberal durante diversas legislaturas hasta 186528. Diego Coello fundó en 1849 el diario “La Época”, de línea moderada-centrista. Este periódico, a partir de 1856, será la voz de la Unión Liberal, el nuevo partido de O’Donnell que ostentó el poder en varias ocasiones entre 1858 y 1866. “La Época” siempre se mantuvo fiel a Isabel II y a la monarquía, siendo uno de los más firmes apoyos para la restauración Borbónica de 187429. Por su labor en pro de la restauración, Alfonso XII concedió a Diego Coello el título de Conde de Coello de Portugal. Diego, el hermano mayor, murió sin descendencia y el título pasó por encima del progresista Francisco para recaer en el hermano menor, José, que también había participado en el pronunciamiento restaurador de Martínez Campos desde la jefatura del Estado Mayor del Ejército del Centro30.

En el periodo durante el que la Unión Liberal fue el partido dominante, Francisco Coello ostentó sus cargos más relevantes. En 1858 ya era vocal de la Comisión de Estadística que en 1859 redacta la Ley de Medición del Territorio. Esta ley establecía el levantamiento del catastro parcelario y declaraba su prioridad sobre la cartografía básica y sobre el Mapa de España que quedaron supeditados a la primacía de las necesidades fiscales. Todos los trabajos geográficos pasaron a depender de la Comisión de Estadística, incluidos los del Ministerio de la Guerra, gracias a lo cual Coello se hizo cargo de los fondos y del material de la anterior Junta Directiva del Mapa de España y pudo acceder a todos los datos que le había negado el Depósito de la Guerra hasta entonces. En 1861, se le encarga la Dirección de Operaciones Topográfico-Catastrales de la nueva, y más poderosa, Junta General de Estadística. Allí, se fue haciendo cargo de todos los trabajos cartográficos oficiales, desde la cartografía catastral hasta la geológica o la forestal, llegando a vicepresidente interino de la Junta General de Estadística en 186531.

Pero en 1866, en un nuevo regreso al poder del moderado Narváez, se suprimieron las Direcciones Generales de la Junta de Estadística, que quedó prácticamente vacía de contenido, con el objetivo de paralizar el impertinente avance del catastro parcelario32. A la vez, se repartieron de nuevo las competencias cartográficas acaparadas por la Junta33. Coello, desautorizado y sin funciones, dimitió de sus cargos e, incluso, abandonó el ejército34. Vuelve a dedicarse exclusivamente a la edición de su Atlas pero, privado ahora de acceso a la documentación oficial y de apoyo económico, los trabajos decaen. En 1870, año en el que muere su socio Pascual Madoz, se publica el mapa de Asturias, el último del Atlas que saldrá de la imprenta. Faltaban aún 18 provincias por editar.






Carlos Almonacid Ramiro - SCUAM
Servicio de Cartografía de la Universidad Autónoma de Madrid.
19-10-2015.


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